El recorte de tipos aplicado por sorpresa por la Reserva Federal de EE.UU refleja la creciente incertidumbre en que se ve sumida la economía y los inversores estadounidenses en la actualidad. Jim Cielinski, responsable global de renta fija, comparte su opinión sobre los efectos que tendrá en los mercados estas fluctuaciones sumamente atípicas y por qué cree que los inversores deberían mantener la cautela.

Aspectos clave:

  • La Reserva Federal de EE.UU (Fed) sorprendió a los mercados el martes 3 de marzo al anunciar un recorte de 50 puntos básicos en su tipo oficial de referencia en respuesta a la mayor inquietud suscitada tras el brote del COVID-19.
  • Dado que este recorte de tipos no resolverá la volatilidad que aqueja a los mercados ni la ralentización económica, ni tampoco servirá para frenar el brote de coronavirus que pretende abordar, recomendamos a los inversores mantener la cautela, al constatar que los bonos han brindado (y esperamos que sigan brindando) una diversificación frente a las precipitadas caídas de las Bolsas.
  • Aunque no podemos predecir los efectos que terminará causando el brote en la economía mundial, nos consta que los periodos de tensión severa en los mercados siempre ofrecen oportunidades y el truco, a nuestro juicio, consiste en poder sacar provecho de ellos.

La Reserva Federal estadounidense (Fed) sorprendió a los mercados en la mañana del martes (3 de marzo) al anunciar un recorte de 50 puntos básicos (bp) de su tipo oficial de referencia, reduciendo el rango objetivo para los fondos federales al 1,00‑1,25 %. Esta medida resultó bastante atípica al no producirse en el contexto de sus reuniones de política monetaria regularmente programadas, lo que refleja tanto la seriedad de su decisión como el entorno de cambios vertiginosos al que se enfrenta actualmente la economía estadounidense ( y los inversores ).

La epidemia de coronavirus (COVID-19) representa un desafío único para todos nosotros, en la medida en que genera una auténtica incertidumbre. Ya sea si somos ciudadanos, empresarios, responsables de formulación de políticas o inversores, la mayoría de nosotros preferimos plantear los problemas desde un punto de vista analítico, examinando los datos y hechos y haciendo valoraciones fundadas basadas en una investigación minuciosa. Sin embargo, actualmente parece que los hechos y los datos escasean. A pesar de la circunspección de la Fed al explicar por qué decidieron recortar los tipos de interés, creemos que lo hicieron porque lo único que sabían con certeza era que debían apresurarse a reaccionar, y no demorarse, ante la rápida escalada de la situación. Más vale prevenir que curar, pensaron.

Nosotros también planteamos la gestión de nuestros fondos de renta fija desde una óptica igualmente prospectiva. El desplome de las rentabilidades de la deuda pública de referencia observado en los últimos días ha sido extraordinario. Las rentabilidades de los bonos en todo el planeta se sitúan o rozan mínimos históricos, destacando los pagarés del Tesoro estadounidense a 10 años, que apenas rentan un 1 %.

Aunque a simple vista los bonos del Estado ofrecen poca rentabilidad, han brindado, y esperamos que sigan brindando, una diversificación frente a las precipitadas caídas de las Bolsas. Durante la semana pasada, la mayoría de los activos de riesgo, desde los mercados de renta variable hasta los mercados de bonos corporativos, han registrado ventas masivas sustanciales, mientras que los bonos del Estado han generado fuertes ganancias. Al cierre de la sesión del lunes (2 de marzo), el S&P 500 Index retrocedió un 4,05 % en el año hasta la fecha, mientras que el Bloomberg Barclays US Intermediary Government Index avanzó un 3,3 %.

Seguimos pensando que la cautela está justificada y que los inversores saldrán mejor parados si evitan buscar el momento óptimo de invertir en el mercado. Este recorte de tipos no resuelve la volatilidad del mercado porque no ofrece una cura contra el virus, ni tampoco sirve para frenar la ralentización económica. Aunque los niveles de diferenciales registrados actualmente en los mercados de deuda corporativa no indican que se avecina una recesión económica en toda regla, opinión con la que coincidimos, nosotros (al igual que la Fed) no podemos más que seguir analizando los hechos a medida que surgen.

Prevemos que la economía se resentirá conforme empeoran los cuellos de botella que aquejan a la cadena de suministro y se aplaza el gasto en bienes de consumo y la inversión en activos fijos como consecuencia de la incertidumbre. Así pues, aplaudimos la decisión de la Fed, al creer que sienta unas bases más firmes para la economía al margen de lo rápido que salgamos de la incertidumbre actual. Sin embargo, surgen muchos nuevos casos de contagio del virus. Cuando esa tasa empiece a bajar, los ciudadanos y los inversores hallarán un mundo con unos tipos más bajos y una liquidez financiera mucho mayor. Al ser perfectamente posible que se haya aplazado un gran porcentaje de inversión empresarial y de demanda en bienes de consumo, podríamos asistir a una reanimación de la economía estadounidense en la segunda mitad del año.

Ahora bien, en las próximas semanas, no creemos que la medida adoptada por la Fed el martes acabe con la extrema volatilidad que reina actualmente en los mercados. Las acciones y los bonos seguirán experimentando altibajos con las señales que emitan los bancos centrales del mundo, los datos económicos y, fundamentalmente, la tasa de crecimiento del coronavirus. Esos vaivenes podrían crear oportunidades para los gestores activos, dado el volumen excesivo de compras o ventas que podrían registrar algunos mercados o valores.

Ni nosotros ni la Fed tenemos ventaja en predecir cómo se propagará el virus, pero contamos con herramientas adecuadas para cuantificar sus efectos en los valores, lo que nos permite realizar juicios fundados para determinar si ofrecen un potencial de rentabilidad suficiente que compense los riesgos. Los periodos de tensión severa en los mercados siempre ofrecen oportunidades. El truco consiste en poder sacar provecho de ellos.