Greg Wilenksy, Director de Renta fija de EE. UU., explica las lecciones que hemos aprendido en las carteras de renta fija en 2020 y cómo podrían aplicarse el año que viene.

Aspectos destacados:

  • De cara a 2021, creemos deberíamos tener siempre presentes las lecciones que nos deja 2020: Los bonos del Tesoro de EE. UU. pueden ser útiles como cobertura en tiempos de incertidumbre; las asignaciones principales a productos de diferenciales como bonos corporativos siguen teniendo sentido y la gestión activa resulta fundamental.
  • A pesar de las bajas rentabilidades absolutas y nuestra convicción de que hay más riesgo de que los tipos suban que no que bajen, creemos que a los inversores les vendría bien mantener un cierto nivel de exposición a la deuda pública, debido a su posibilidad para servir de cobertura contra los mercados de renta variable y/o crédito más débiles de lo esperado.
  • Los bonos corporativos, tanto investment grade como high yield, y los mercados titulizados, como los valores respaldados por hipotecas o por activos, siguen ofreciendo una prima de rentabilidad atractiva con respecto a los bonos del Tesoro de EE. UU., ofreciendo a la vez diversidad con respecto a la renta variable.

Aunque nos alegra pensar que 2020 pronto será historia, en muchos sentidos el año nos ha enseñado que la renta fija, en general, se comportó como cabía esperar de ella en tiempos de crisis. El índice Bloomberg Barclays U.S. Aggregate Bond ha generado casi una rentabilidad del 7,75 % en lo que va de año y su rentabilidad solo cayó en negativo muy brevemente, a mediados de marzo. Los bonos del Tesoro de EE. UU. reaccionaron como se esperaba, con una rentabilidad de casi el 10% en el primer trimestre y manteniendo esas ganancias hasta el otoño, cuando las rentabilidades a más largo plazo empezaron a subir. De cara a 2021, creemos deberíamos tener siempre presentes las lecciones que nos deja 2020: La utilidad de los bonos del Tesoro de EE. UU. como cobertura en tiempos de crisis volvió a quedar demostrada; las asignaciones principales a productos de diferenciales como bonos corporativos siguen teniendo sentido, y la gestión activa resulta fundamental.

Los bonos corporativos, tanto investment grade como high yield, y los mercados titulizados, como los valores respaldados por hipotecas o por activos, siguen ofreciendo una prima de rentabilidad atractiva con respecto a los bonos del Tesoro de EE. UU., ofreciendo a la vez diversidad con respecto a la renta variable. Con las rentabilidades de los títulos de deuda pública casi en mínimos históricos en todos los países desarrollados, esperamos que la demanda de rentabilidad (ingresos) continúe. Además, en nuestra opinión, los fundamentales económicos que respaldan estos mercados de diferenciales deberían mejorar, a medida que la economía mundial se recupere durante 2021, como creemos. En efecto, algunos sectores del mercado, como los valores directamente relacionados con el consumo o el mercado de la vivienda de EE. UU., podrían ofrecer rentabilidades ajustadas al riesgo especialmente atractivas, dada la relativa fortaleza de dichos sectores comparado con anteriores recesiones. Sin embargo, dado el alcance de la recuperación de muchos segmentos del mercado desde los mínimos registrados en marzo, el potencial de revalorización de precios podría ser menor en 2021. Esto es especialmente probable en valores con ratings de crédito más altos que, como era de esperar, fueron los primeros en recuperarse y rozan ya sus medias o incluso mínimos históricos en su diferencial de rentabilidad con respecto a los bonos del Tesoro de EE. UU. Por tanto, los inversores que se sienten más cómodos asumiendo riesgo adicional podrían tratar de mover cierta exposición a bonos con calificación inferior a investment grade en el mercado corporativo y a productos titulizados con calificaciones más bajas, aunque todavía investment grade, como valores respaldados por activos (ABS) y valores respaldados por hipotecas (MBS) no de agencia. 

Los inversores pueden seguir manteniendo un cierto nivel de exposición a la deuda pública o a otras inversiones que presenten una sensibilidad similar a los movimientos de los tipos de interés, debido a su potencial para servir de cobertura contra unos mercados de renta variable y/o de crédito más débiles de lo esperado. Sin embargo, dado que creemos que hay más riesgo de que los tipos suban de que bajen, y las expectativas de inflación podrían seguir los pasos del crecimiento económico, creemos que los inversores deberían plantearse reducir algo su exposición al riesgo de tipos de interés de lo que harían normalmente. Este ajuste de las carteras puede hacerse, entre otras maneras, moviendo cierta exposición a valores protegidos contra la inflación (cuyas rentabilidades subyacentes se ven más afectadas por el aumento de las expectativas de inflación) o por valores a tipo variable que tienen aún menos sensibilidad a los tipos de interés.

Una última lección que nos ha dejado 2020 es el recordatorio de que las amenazas reales para una cartera de inversión suelen ser las incógnitas, es decir, los acontecimientos o shocks en los que pocos (o nadie) pensaban al construir sus carteras o asesorar a sus clientes. El impacto sincronizado global de la covid-19 sorprendió al mercado y, por tanto, fue un shock. La volatilidad se disparó y la liquidez se desvaneció, sin apenas tiempo para prepararse. Aunque los inversores y los gestores de activos ahora pueden sopesar las posibilidades de una recuperación económica más rápida o más lenta, o debatir sobre las probabilidades de que vuelva la inflación, creemos que los inversores deberían posicionar sus carteras para 2021 teniendo en cuenta que las sorpresas existen. Sin una razón convincente, como unas valoraciones especialmente atractivas, los inversores deberían tratar de mantener su exposición diversificada en toda su cartera. Dicha estrategia no solo puede ayudar a moderar la volatilidad de las rentabilidades esperadas, sino que facilita aprovechar las oportunidades cuando surgen, tanto por cambios en las valoraciones como por las sorpresas inevitables. Por difícil que pueda parecer imaginarse un año más difícil o volátil que 2020, creemos ―en las carteras de renta fija en particular― en el viejo refrán «más vale prevenir que curar».

Fuente de rentabilidad. Bloomberg, a 13/11/2020, índice BB U.S. Treasury Total Return

Diferencial de crédito: la diferencia de rentabilidad entre valores con un vencimiento similar, pero con una calidad crediticia diferente.

El índice Bloomberg Barclays U.S. Aggregate Bond mide de forma generalizada del mercado de bonos corporativos investment grade sujetos a fiscalidad, de tipo fijo, denominados en dólares estadounidenses.

Crédito titulizado: sectores de renta fija que agrupan activos financieros para crear nuevos títulos que pueden comercializarse o venderse a los inversores.

Los productos titulizados, como los valores respaldados por hipotecas y por activos, están expuestos al riesgo de pago anticipado y de liquidez.

Valores respaldados por hipotecas (MBS): valores titulizados (o «respaldados») por un conjunto de hipotecas. Los inversores reciben pagos periódicos derivados de las hipotecas subyacentes, similares a cupones. Son similares a los valores respaldados por activos. Los MBS pueden ser más sensibles a las variaciones de los tipos de interés. Están expuestos al riesgo de ampliación, por el que los prestatarios amplían la duración de sus hipotecas cuando los tipos de interés suben, y el riesgo de pago anticipado, por el que los prestatarios pagan sus hipotecas antes cuando los tipos de interés descienden. Estos riesgos pueden reducir las rentabilidades.

La diversificación no asegura un beneficio ni elimina el riesgo de sufrir pérdidas de inversión.

Los valores de renta fija están sujetos al riesgo de tipo de interés, inflación, crédito e impago.  El mercado de renta fija es volátil. Cuando los tipos de interés suben, los precios de los bonos normalmente bajan, y viceversa.  La devolución del capital no está garantizada y los precios pueden disminuir si un emisor no efectúa pagos puntuales o su solvencia crediticia se deteriora.

Los bonos high yield o «bonos basura» conllevan un mayor riesgo de impago y de volatilidad del precio, y pueden registrar cambios de precios repentinos y fuertes.