Según Nick Maroutsos, director de bonos globales y gestor de fondos, la evolución de los mercados de renta fija a principios de año vendrá marcada en gran medida por factores opuestos, como la distribución de la vacuna contra la covid-19 y los posibles confinamientos económicos.

Aspectos destacados:

  • La economía podría estar ya más cerca del fin que del principio de esta crisis, a lo que debería contribuir aún más si la vacunación a gran escala tiene éxito.
  • Aunque los tipos de interés podrían subir a medida que la economía mejore, creemos que la Fed tomará medidas para contener las rentabilidades de los bonos del Tesoro.
  • La mejora de la economía debería favorecer al crédito corporativo, pero invertir de forma selectiva puede ser clave, con unos valores a corto plazo de gran calidad y muchos títulos internacionales que presentan los perfiles de riesgo y remuneración más atractivos.

Dada la grave disrupción que la provocado la pandemia, algunos pueden olvidar que los mercados de renta fija han generado rentabilidades positivas en 2020. A pesar de estas ganancias aceptables, creemos que los bonos siguen teniendo recorrido. Nuestro moderado optimismo se basa en nuestra convicción de que estamos más cerca del final que del principio de la crisis. Sin embargo, aunque nos alienta saber que las autoridades políticas están guiando la economía para dejar atrás los peores momentos, creemos que no los inversores todavía no las tienen todas consigo.

Un equilibrio delicado

Las próximas semanas resultarán fundamentales, ya que los mercados pondrán en la balanza la promesa de que las potenciales vacunas propicien una vuelta a la normalidad, con los daños económicos adicionales de nuevos confinamientos.

Cada día que pasa parece haber avances en relación con las vacunas, por lo que las perspectivas de los activos de riesgo, como el crédito corporativo, resultan favorables. Aunque la diferencia entre las rentabilidades de los bonos corporativos y las de valores de referencia sin riesgo ya se han reducido sustancialmente, creemos que una salida inminente de la pandemia, junto con unas condiciones financieras favorables, serían buenos presagios para una mayor reducción de los diferenciales de la deuda corporativa. Y aunque no nos sorprendería que los tipos de la deuda pública subieran algo a medida que la recuperación económica cobra impulso, la reducción de los diferenciales debería bastar para compensar esas pérdidas.

La Fed continúa en el juego

Un factor fundamental de las condiciones financieras laxas es la política monetaria flexible propugnada por la Reserva Federal (Fed) y otros bancos centrales. Confiamos en la palabra de la Fed de que no tiene intención alguna de subir sus tipos oficiales a medio plazo. Aunque el banco central podría permitir unos tipos ligeramente más altos en los vencimientos a más largo plazo, creemos que reaccionaría rápidamente para frenar las rentabilidades si el mercado impulsa los tipos excesivamente al alza. Aunque oficialmente puede que no equivalga a un control de la curva de tipos, el discurso firme probablemente resultados similares: mantener bajos los costes de endeudamiento.

La reacción sorprendentemente rápida por parte de la Fed este año es una de las razones principales de la pujanza de los mercados de renta fija y de que se haya evitado un desastre económico. Esto contrasta con el principio de la crisis financiera global, cuando las dudas de las autoridades políticas probablemente empeoraron la situación. Queriendo evitar una crisis de liquidez la pasada primavera, el primer paso de la Fed consistió en preservar el funcionamiento del mercado, asegurándose de que los prestatarios seguían teniendo acceso al crédito. Su respuesta ha funcionado y, como demuestra la recuperación de los activos de mayor riesgo, probablemente mucho mejor de lo que algunos podían imaginar.

Evitar la próxima crisis

Mientras que los bancos centrales lograron relajar la tensión en los mercados, aún no se sabe si podrán prevenir otra posible crisis de solvencia. El respaldo fiscal ampliado a los trabajadores y las pequeñas empresas permitió amortiguar el impacto en los peores momentos de los confinamientos de la primavera. Pero han pasado meses desde el último plan fiscal y EE. UU., como gran parte de Europa, se enfrentan al abismo de una segunda ola de contagios de covid-19. La situación financiera de las pequeñas empresas y las familias sigue siendo frágil, un aumento de las insolvencias podría provocar una subida aún mayor del desempleo, lo que a la larga lastraría la recuperación, al hundir el motor del crecimiento del consumo. Aunque esperamos estímulos fiscales adicionales, en 2021 habrá que estar atentos al riesgo de insolvencia y sus efectos de rebote.

Momento para la preservación del capital

Ante esta incertidumbre a corto plazo, esperamos que la volatilidad del mercado de renta fija se mantenga elevada. No es momento de considerar la asignación a la renta fija como «renta variable ligera». La alta volatilidad de mercado que esperamos en los próximos meses no valdrá la pena en el persistente entorno de tipos bajos.

Una táctica importante para preservar el capital consistirá en enfocarse en los emisores corporativos de mayor calidad. Dadas las diferencias en los tipos de interés, creemos que muchos de los títulos más atractivos se encuentran fuera de EE. UU. Entre ellos están los bancos australianos y las emisiones corporativas cuasisoberanas, especialmente de la región de Asia excepto Japón, que cuentan con el aval implícito de los gobiernos. Creemos que es mejor seguir evitando muchos títulos del sector de viajes y ocio, ya que el cambio de paradigma en los viajes de negocios probablemente tendrá muchos efectos en las compañías aéreas y esperamos ver cómo lo compensan sus modelos de negocio. Pese a la evidente fortaleza secular del sector tecnológico, sus elevados precios requieren un enfoque más selectivo y disciplinado.

Dado que nuestras perspectivas generales siguen siendo moderadamente positivas, creemos que no cabe descartar el riesgo de unas rentabilidades algo más altas de los bonos del Tesoro de EE. UU. a largo plazo. En consecuencia, creemos que limitar la duración de la cartera ―enfocándonos en los tramos cortos de la curva de tipos― es una táctica prudente, especialmente con la curva todavía plana desde el punto de vista histórico.

Diferencial de crédito: la diferencia de rentabilidad entre valores con un vencimiento similar, pero con una calidad crediticia diferente. Los diferenciales de amplitud creciente indican generalmente un deterioro de la solvencia de los prestatarios corporativos, y si se están estrechando indican una mejora.

Duración: mide la sensibilidad del precio de un bono a los cambios en los tipos de interés. Cuanto mayor es la duración de un bono, mayor es su sensibilidad a los cambios en los tipos, y viceversa.

Volatilidad: mide el riesgo utilizando la dispersión de las rentabilidades de un instrumento determinado.

Los valores de renta fija están sujetos al riesgo de tipo de interés, inflación, crédito e impago. Cuando los tipos de interés suben, los precios de los bonos normalmente bajan, y viceversa. Los bonos high yield o «bonos basura» conllevan mayor riesgo de impago y una mayor volatilidad de precios. Los valores extranjeros, como la deuda soberana, están sujetos a fluctuaciones de divisas, incertidumbre política y económica, mayor volatilidad y menor liquidez, factores que cobran mayor relevancia en los mercados emergentes.