Denny Fish, gestor del fondo Global Technology and Innovation, recuerda a los inversores que, a pesar de la reciente irregularidad, el sector tecnológico sigue registrando unos sólidos resultados operativos y depende cada vez más de temáticas seculares asociadas a la digitalización de la economía global.

Aspectos destacados

  • La reciente debilidad de los valores tecnológicos probablemente se deba a que algunas compañías no han superado las elevadas expectativas de beneficios.
  • Aunque el Gobierno chino ha cambiado su enfoque hacia la regularización del sector, creemos que sigue reconociendo el poder de la tecnología para lograr determinados resultados sociales deseados.
  • Si se resuelven las carencias de la cadena de suministro, creemos que el sector está en buenas condiciones para beneficiarse de las temáticas de crecimiento tanto cíclico como secular a medio plazo.

Los últimos meses han resultado ser un ensayo de las contracorrientes capaces de afectar a la evolución del sector tecnológico. Por un lado, la digitalización de la economía global continúa, como demuestra el crecimiento de la informática en la nube (cloud), el Internet de las cosas (IoT), la inteligencia artificial y la conectividad 5G. En nuestra opinión, esas tecnologías son fuerzas seculares que no solo impulsarán el crecimiento de los beneficios del sector tecnológico en los próximos años, sino que también permitirán a las compañías tecnológicas aumentar su proporción del total de beneficios corporativos.

En cambio, otros factores han actuado como obstáculos: Las restricciones de la cadena de suministro ―especialmente en los semiconductores― limitaron la capacidad de producción en la tecnología y otros sectores; el Gobierno chino aumentó el control regulatorio de las empresas tecnológicas orientadas al cliente; la variante delta de la covid-19 ha provocado una reapertura económica desigual, algo que han notado especialmente los procesadores de pagos globales; y, por último, el fantasma de las subidas de tipos de interés ha pesado sobre las valoraciones de muchas acciones de crecimiento a más largo plazo.

La conjunción de estos factores ha dado lugar a uno de los entornos más complejos para el sector en los últimos años. Y aunque las perspectivas a corto plazo son ahora menos seguras, los inversores deberían recordar que las temáticas seculares capaces de generar un crecimiento exponencial de los beneficios ―del que decimos que es la «estrella polar» de la inversión tecnológica― siguen, a nuestro parecer, intactas.

Cuestión de expectativas

En cierto modo, la reciente debilidad del sector tiene mucho que ver con que los valores tecnológicos sean víctimas de su propio éxito, ya que algunas empresas se vieron castigadas por no cumplir las altas expectativas de crecimiento. En muchos casos, los inversores esperaban que las recientes tasas de crecimiento ―basadas en comparaciones interanuales muy favorables― se convirtiesen en la nueva referencia. Al no alcanzarse esos niveles, las acciones se vendieron en masa, a pesar de unas tasas de crecimiento anualizado en dos años todavía excelentes, una cifra que creemos que normaliza los resultados de una empresa en los tiempos extraordinarios que vivimos. Por el contrario, aquellas que pudieron mantener el impulso aumentando unos beneficios ya de por sí impresionantes se han visto recompensadas.

Otro obstáculo para el sector ha sido el universo de Internet en China. Hemos seguido con atención los cambios en el marco regulatorio de las compañías tecnológicas orientadas al cliente del gigante asiático. Los resultados potenciales son ahora más diversos, ante la posibilidad de que el Gobierno influya más a la hora de determinar la estructura del sector y las prioridades de las compañías. Habrá que seguir muy atentos a lo que suceda a partir de ahora. Pero creemos que el Gobierno central sigue reconociendo el poder de las tecnologías innovadoras para impulsar el crecimiento económico y lograr ciertos resultados sociales deseados.

Secular, cíclico ¿o ambos?

Gran parte de las dificultades a las que se enfrenta el sector giran en torno a cuáles de los factores de volatilidad actuales serán pasajeros y cuáles serán estructurales. Creemos que la escasez de semiconductores debería normalizarse al aumentar la capacidad global. Puede que el camino no esté libre de baches y creemos que los atascos a corto plazo seguirán afectando a muchos sectores. A largo plazo, la demanda de capacidad debería apoyar a las tecnologías que hacen posible producción de chips, especialmente ante el mayor desarrollo del Internet de las cosas (IoT).

Mucho se ha escrito sobre si el reciente aumento de la inflación es pasajero o persistente. Esto afecta al sector tecnológico en la medida en que influye en los tipos de interés. Los tipos más altos tienden a reducir las valoraciones de los activos a más largo plazo, incluidas las acciones de crecimientos secular. Sin embargo, una reducción de los múltiplos podría ofrecer niveles de entrada atractivos a empresas de crecimiento secular del sector que antes se consideraban sobrevaloradas.

Ante estas contracorrientes, prevemos más inestabilidad en los próximos meses. A más largo plazo, somos positivos con respecto a los valores tecnológicos. Las temáticas seculares se mantienen firmes y la continua reapertura económica debería reforzar a los valores de crecimiento cíclico. El mercado siempre tiene que lidiar con factores externos, pero estamos plenamente convencidos de que las rentabilidades a largo plazo de la tecnología dependerán en última instancia de los resultados financieros.

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