Sigan la corriente

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Sigan la corriente

En 2020, el mercado tuvo un comportamiento de lo más fluido: el flujo de liquidez, la propagación de la pandemia, la reconfiguración de las cadenas de suministro mundiales y la transmisión tecnológica de trabajo y ocio a las masas. Jim Cielinski, Director global de renta fija, explica por qué la renta fija es sensible a estas tendencias y cómo el rumbo que sigan en 2021 determinará el comportamiento de esta clase de activos el año que viene.

Aspectos destacados

  • En 2020, las empresas concentraron el endeudamiento principalmente como ayuda para salir de la crisis; esperamos que las emisiones de bonos corporativos se reduzcan en 2021, a medida que las empresas intenten reparar sus balances y desapalancarse: la fase de «reparación» de los ciclos de crédito ha sido habitualmente positiva para las rentabilidades de los bonos corporativos.
  • Los cambios estructurales ya en marcha se aceleraron en 2020: desde la mayor adopción tecnológica, hasta el creciente interés por los factores medioambientales, sociales y de gobierno corporativo (ESG). Estas tendencias son unidireccionales y se intensificarán el próximo año. Creemos que los prestatarios corporativos deberían acertar con estos cambios.
  • Esperamos que los bancos centrales de los mercados desarrollados no suban los tipos de interés y apuesten por mantener su política, sumamente flexible, para consolidar la recuperación. El temor a la inflación puede provocar volatilidad y los inversores podrían intentar protegerse de forma táctica en 2021, aunque esperamos que cualquier subida de la inflación sea modesta.
  • Los bonos soberanos tradicionales parecen ofrecer poco valor; la recuperación económica probablemente ejercerá presión alcista sobre los tipos a más largo plazo, pero los bancos centrales mantendrían las subidas bajo control.

Las autoridades responsables de las políticas (los bancos centrales) fijan los tipos a corto plazo. Los tipos a largo plazo dependen de la evolución de los tipos a corto y de una prima temporal ―básicamente, la compensación adicional que exigen los inversores por los riesgos de prestar su dinero a largo plazo en vez de a corto plazo―, que está vinculada principalmente a las expectativas de crecimiento económico e inflación y a los efectos de la oferta y la demanda. Los tipos oficiales a corto plazo están prácticamente a cero en la mayoría de los países desarrollados y no es probable que se muevan, lo que hace casi imposible que en 2021 volvamos a ver las plusvalías que ofrecieron los títulos de deuda pública en 2020. La clave aquí es la prima temporal.

En 2020, los segmentos de la renta fija más sensibles al crédito se libraron casi totalmente del desastre por el rápido y masivo apoyo monetario fiscal ofrecido para frenar la crisis económica. En el contexto de fuerte recuperación de los mercados de crédito desde abril, es fácil pasar por alto las pérdidas de principios de año. A finales de 2020, los diferenciales de crédito siguen siendo más amplios que antes de la covid-19 y creemos que probablemente veremos una marcha atrás en la clasificación de rentabilidad en 2021, con los segmentos del mercado más sensibles al crédito ―como los bonos high yield y el crédito titulizado (valores que combinan varios activos financieros para crear nuevos valores)― comportándose mejor que la deuda pública sensible a los tipos de interés, cuyos inversores probablemente tengan que conformarse con el cupón.

Encontrar el equilibrio

Los analistas parecieron sorprenderse por el apetito de la oferta récord de emisiones de renta fija, pero si una empresa o un gobierno pueden emitir bonos, por definición debe haber alguien al otro lado para comprarlos. La demanda se vio impulsada por la continua necesidad de ingresos. En EE. UU., las emisiones de bonos corporativos investment grade y high yield alcanzaron los 2,073 billones solo hasta finales de octubre, superando ya el año récord de 2017, según se muestra en el gráfico 1.

Gráfico 1. Emisiones brutas de bonos corporativos estadounidenses por año natural (miles mill. USD)

Fuente: SIFMA, emisiones para todo el año. * La cifra en lo que va de año es hasta el 31 de octubre de 2020.

Las empresas han concentrado su endeudamiento, siguiendo la máxima de las captaciones de fondos de renta variable: «actúa pronto y a lo grande». Endeudarse cuando pareces menos desesperado es siempre es más fácil y más barato). Con los tipos de interés y las rentabilidades de los bonos en niveles tan bajos, el coste de mantenimiento de unas reservas de caja excesivas en un entorno incierto es bajo. Para algunas empresas, esa liquidez simplemente se mantiene en sus balances, por lo que la deuda neta solo ha aumentado ligeramente. Nosotros creemos que los niveles de apalancamiento (deuda) se reducirán en 2021, a medida que mejoren los beneficios.

Las emisiones con vencimiento en 0-3 años disminuyeron un 6% con respecto a 2019, a pesar del aumento de las emisiones totales en 2020.

Puente o viaducto

La velocidad del desapalancamiento vendrá determinada por la covid-19 y las posibles vacunas. En la primera mitad de 2020, muchos países impusieron un confinamiento con la esperanza de que sería una medida excepcional. Las autoridades harían de «puente», ayudando a las empresas a salvar la reducción de los ingresos provocada por el confinamiento con una amplia liquidez y respaldo fiscal. Los nuevos confinamientos suponen alargar dicho puente, con varios arcos, y convertirlo en un acueducto, ya que la liquidez debe incrementarse más. Sin embargo, a las empresas siempre les preocupaba que hubiese varias olas y han tratado de protegerse frente a esto tomando prestado para más tiempo y evitar volver a buscar financiación a corto plazo adicional.

Podríamos decir que la crisis del coronavirus interrumpió el ciclo de crédito habitual, adelantando la fase de recesión a 2020 y precipitando una fase de reparación en 2021. Históricamente, esta fase del ciclo de crédito ha ido ligada a un mejor comportamiento de los mercados de crédito, a medida que los ingresos de las empresas mejoran y los balances se arreglan, lo que a menudo reduce los diferenciales de crédito.

«Podríamos decir que la crisis del coronavirus interrumpió el ciclo de crédito habitual, adelantando la fase de recesión a 2020 y precipitando una fase de reparación en 2021».

Al igual que las agencias de calificación crediticia, creemos que los impagos alcanzarán su máximo en la primera mitad de 2021, pero retrocediendo rápidamente. Una diferencia entre esta crisis y la anterior es que el sector bancario está bien capitalizado. Los sectores que se han visto más perjudicados por la pandemia, como la energía, el comercio minorista y la hostelería, serán los peor parados, aunque generarán algunas oportunidades para los inversores dispuestos a estudiar los fundamentales de crédito. La dispersión será un factor clave en 2021, ya que las rentabilidades entre sectores y emisores serán dispares; las noticias sobre geopolítica y las vacunas podrían provocar rachas de volatilidad. Probablemente habrá más «ángeles caídos», pero en 2020 el high yield demostró su capacidad para asumir importantes rebajas de calificaciones desde el investment grade.

Otros sectores, como los valores respaldados por activos (ABS) y por hipotecas (MBS) ―que están «respaldados» o garantizados por un conjunto de activos como préstamos, deudas de tarjetas de crédito o hipotecas― se encuentran en una situación distinta. Estos sectores no han registrado un gran aumento del apalancamiento en los últimos diez años y estaban mejor posicionados antes de la pandemia. Como fuente alternativa de ingresos, esperamos que la demanda de estos segmentos aumente sustancialmente en 2021. Aunque son menos líquidos que muchos bonos corporativos, estos instrumentos ofrecen diversificación en sus estructuras y una mejora adicional del crédito. Nuevamente, la selección de valores será importante, ya que algunos segmentos ―como los préstamos e hipotecas residenciales― estarán bien protegidos frente a la disrupción. Otros, como las hipotecas respaldadas por oficinas o locales comerciales, podrían correr mayor riesgo si la pandemia se prolonga.

La recuperación debería ayudar a los sectores más cíclicos, pero será importante reconocer aquellos que han sufrido daños permanentes a causa de la crisis. Creemos que los cambios estructurales en favor de la tecnología se han acelerado y el interés por los factores medioambientales, sociales y de gobierno corporativo (ESG) se intensificarán en 2021. Cada vez más bancos de todo el mundo rechazan ofrecer crédito a empresas que incumplen ciertos criterios ESG, por lo que la presión para que los mercados de capital de deuda en general integren dichos factores irá en aumento, especialmente si EE. UU. empieza a promover una agenda «verde». Creemos que empieza a haber un bucle de retroalimentación automático, por el que las empresas con mejores credenciales ESG podrán financiarse a costes relativamente menores.

La forma del agua

El tipo de estímulo que tengamos en 2021 será importante y la política fiscal seguirá siendo crucial. Hasta que aumente la demanda de las familias y las empresas, los gobiernos se verán obligados a cerrar la brecha o se arriesgan a hacer frente a una fuerte contracción económica. Retirar el estímulo fiscal de la economía llevará tiempo y los límites entre la monetización de la deuda y el gasto fiscal podrían volverse aún más borrosos, a medida que los bancos sigan actuando como comprador de último recurso. En cierta medida, puede que la teoría monetaria moderna1 ya esté con nosotros. Esperamos que los países europeos mantengan los ERTE durante el tiempo necesario, así como que el Congreso estadounidense apruebe un nuevo plan una vez haya pasado la tormenta de las elecciones.

«Nada es tan permanente como un programa temporal del gobierno» - Milton Friedman, economista

Los países en guerra recurren normalmente a un enorme gasto; y los gobiernos han vivido una guerra económica y médica contra la covid-19. Sin duda, no dejaremos de oír que los niveles de deuda pública se están descontrolando, pero este «runrún» dura ya décadas y casi nunca influye en los mercados, siempre y cuando haya confianza en que la deuda se pagará. Italia es un ejemplo de lo anterior: como se muestra en el gráfico 2, la relación entre los niveles de deuda y los costes de endeudamiento es débil y, durante gran parte de la historia, los mayores niveles de deuda han coincidido normalmente con unas rentabilidades de la deuda pública bajas y decrecientes.

Gráfico 2. Deuda pública italiana en relación con el PIB y rentabilidad a 10 años desde 1861

Fuente: FMI, Bloomberg, Banco de Italia, Janus Henderson Investors, de 1861 a 2020. Los datos de 2020 a 2021 incluyen las previsiones del FMI. Los pronósticos son estimaciones y no están garantizados. La rentabilidad histórica no constituye una garantía de rentabilidad futura.

La recuperación en marcha probablemente se dejará notar en los mercados de divisas. El dólar estadounidense a menudo actúa como barómetro inverso del crecimiento global, reforzándose cuando el crecimiento global es relativamente bajo ―ya que los inversores a menudo recurren al dólar como «refugio seguro»― y debilitándose cuando el resto de países van bien. Si el resto del mundo se recupera, el dólar perdería fuerza. En un entorno así, cabría esperar flujos adicionales a los bonos de los mercados emergentes en 2021, restituyendo en parte las salidas de 2020 que se muestran en el gráfico 3. Una distensión de las relaciones entre EE. UU. y China también ayudaría.

Gráfico 3. Flujos netos a fondos de los mercados emergentes (miles mill. USD)

Fuente: Perspectivas económicas mundiales (WEO) del Fondo Monetario Internacional, octubre de 2020, de enero de 2017 a septiembre de 2020.

A estos niveles, es difícil que la política monetaria aporte gran cosa. A la vista de los cuestionables resultados de Europa y Japón, no estamos convencidos de que la Reserva Federal estadounidense (Fed) y el Banco de Inglaterra deseen dejar los tipos en negativo.

Dudamos que los tipos oficiales a corto plazo vayan a subir en ninguno de los principales países desarrollados en 2021. Los bancos centrales han indicado que mantendrán su política flexible, una postura que debería ayudar a reducir la volatilidad en los mercados. Nos guiamos por dos factores. En primer lugar, los responsables actuales de los bancos centrales conocen bien el efecto de estancamiento que implica endurecer esta política demasiado pronto, que frenó la recuperación y contribuyó a la década perdida de Japón en los 90. Recordemos que, tras la crisis financiera global de 2007-2008, la Fed tardó siete años en subir los tipos y se vio afectada por el taper tantrum en 2013 cuando dio a entender que reduciría sus compras de activos2. En segundo lugar, la Fed expresó activamente su predisposición de mantener los tipos, al pasar a un objetivo flexible de inflación media (FAIT) en agosto, y estar dispuesta a permitir que la inflación (subidas de precios) supere el 2% a corto plazo.

Mucho ruido y pocas nueces

La política monetaria puede ser favorable sin hacer nada. Mantener los tipos en niveles muy bajos mientras la inflación sube provoca una caída de los tipos reales (tipos ajustados a la inflación). Esto implica una reducción del coste de financiación real, lo que puede alentar a las empresas a invertir y a las familias a pedir créditos. No es por casualidad que mercados de vivienda tan lejanos como los de EE. UU., Suecia y Australia hayan mantenido su pujanza durante toda la crisis, mientras los tipos reales se han mantenido bajos o han caído. Sin embargo, hemos de ser conscientes de que la política de dinero fácil puede ser un incentivo para asumir riesgos excesivos.

La Fed también ha sido sumamente eficaz enviando señales para alcanzar los resultados deseados. Por ejemplo, a pesar de anunciar planes de compra de bonos corporativos, las compras que en realidad ha realizado han sido ínfimas; solo con saber que la Fed ofrecía una red de seguridad implícita fue suficiente para que la demanda primaria absorbiera esas emisiones. A principios de noviembre de 2020, la línea de crédito corporativo del mercado primario de la Fed ni siquiera se había utilizado y la línea de crédito corporativo del mercado secundario tenía solo 13.500 millones de dólares en bonos corporativos y fondos cotizados (ETF) de bonos corporativos, apenas el 0,2% del mercado cualificado, estimado en 8,7 billones de dólares3.

«Europa es algo más adicta al respaldo fiscal y, debido a las diferentes económicas de la zona euro, puede que esta región más que en ninguna otra la política monetaria tenga el impacto más directo en las rentabilidades».

Comparemos esto con Europa, donde el Banco Central Europeo (BCE) ha realizado compras masivas de bonos corporativos y actualmente posee emisiones por un valor de 243.000 millones de euros4. Europa es algo más adicta al respaldo fiscal y cabe esperar que los programas de compra de activos continúen a lo largo de 2021. Los anuncios del BCE serán cruciales y, debido a las diferencias económicas de la zona euro, puede que esta región más que en ninguna otra la política monetaria tenga un impacto más directo en las rentabilidades.

Que fluya, que fluya

Sigue habiendo mucho dinero en la reserva, unos 4 billones de dólares en fondos del mercado monetario estadounidenses a 31 de octubre de 2020, un tercio más que al final de 2009, cuando salimos de la última crisis global5. 2021 traerá consigo una mayor certidumbre en la situación política de EE. UU., eliminando por tanto un factor importante. También esperamos avances en el ámbito médico de lucha contra la covid-19, ya sea con tratamientos mejorados o con un programa de vacunaciones. Desde el punto de vista económico, una vacuna será más potente que un plan fiscal.

Ante los irrisorios intereses de los depósitos, creemos que los inversores desearán poner a trabajar parte de ese dinero, dejando que fluya hacia los bonos y las acciones. Los bancos centrales siguen absorbiendo la deuda pública, por lo que creemos que muchos inversores seguirán considerando los bonos corporativos investment grade como la «nueva deuda pública», ofreciendo rentabilidades superiores por un nivel aceptable de riesgo de capital adicional.

Hay dudas, y con razón, sobre la eficacia de la deuda pública para cubrir el riesgo de la renta variable. Sobre todo, porque la perspectiva de que un aumento compensatorio de los precios de los bonos es menor cuando las rentabilidades tienen poco margen para seguir bajando. Sin embargo, los bonos siguen ofreciendo una relativa estabilidad del capital y, a vencimientos más bajos, donde el riesgo de duración (sensibilidad a las variaciones de los tipos de interés) es menor, deberían seguir ofreciendo ingresos sin una excesiva volatilidad del capital.

La otra cuestión urgente es si el aumento de la masa monetaria provocará inflación. Se espera que en 2021 aumente, debido a los efectos de base: la inflación se expresa como variación porcentual interanual, por lo que habrá un efecto exagerado al comparar los precios anormalmente bajos de 2020, cuando la demanda y los precios del petróleo se desplomaron. Creemos que la subida será breve y no supondrá un «cambio de régimen» con una inflación permanentemente más alta. Los factores tecnológicos desinflacionistas, más el problema del mayor desempleo y la brecha de producción por la crisis sanitaria, probablemente evitarán que la inflación cobre impulso, aunque estaremos muy atentos a los precios de las materias primas o los cambios en la velocidad del dinero (el ritmo al que circula por la economía) que podrían poner en cuestión esta perspectiva. En 2020, la velocidad del dinero disminuyó considerablemente, como se muestra en el gráfico 4, diluyendo el impacto del crecimiento de la masa monetaria y frenando las presiones inflacionistas; sería preocupantes si ambos subieran al mismo tiempo.

Gráfico 4. Variación interanual de la masa monetaria y la velocidad del dinero

Fuente: Bloomberg, Janus Henderson Investors, del 30 de septiembre de 1960 al 30 de septiembre de 2020.

Inflation offers a possible source of volatility, as happened with the 2013 taper tantrum, where markets panic that monetary policy is set to be tightened. Government bond yields are likely to creep higher in 2021, but we expect these to be modest rises measured in tens of basis points rather than percentage points. Floating rate exposure or instruments like Treasury Inflation‑Protected Securities (TIPS) could help hedge interest rate risk.

Volatility and the performance of risky assets are closely linked, as is the desire of investors to hold less liquid assets. In a low yield world, the search for income will persist. Along with that, the demand for diversification in income will rise. Whether emerging market debt, asset-backed securities, or corporate bonds, we are likely to see appetite evolve for a broader cross-section of assets. The cycles behind these different asset classes are typically not fully synchronised, allowing them to be combined in a manner to provide more sustainable returns. The ABS and MBS sectors look particularly well-suited to deliver on this in 2021; although most investors hold corporate bonds, a smaller number hold securitised debt instruments. The expectation that these structures can also de-lever into a global recovery, we believe, should underpin the segment in the coming year.

Upward pressure on rates will likely increase as the recovery unfolds, but increases should be held in check by aggressive central banks and well-behaved inflation. We anticipate the economic recovery, slightly higher inflation, and the insatiable appetite for yield will be a powerful elixir for higher yielding segments of the bond markets, propelling the demand for corporate bonds and MBS. Current valuations do reflect much of the expected improvement, however, and fundamental improvement will be needed to drive returns materially higher in 2021. Central banks will do their best to suppress volatility, something they are now quite proficient at, but investors should be prepared for the occasional and potentially sharp interruptions to this trend. The year will kick off under a cloud of COVID cases set against a vaccine-driven recovery, reflecting the type of competing forces we will see throughout the year. Investors should stay nimble, react to the signposts that foretell the prospects for growth and liquidity provision, and take advantage of these market disruptions. The low level of rates, the acceleration of secular trends and policymaker interference have altered the landscape permanently, and a new framework is needed.

1Modern Monetary Theory: An unconventional economic theory that proposes that governments that control their own currency can spend freely until the economy reaches full capacity; deficits are unimportant since they can create money to pay off debts in their own currency; inflation can be controlled by raising taxes or withdrawing money from the economy.

2Taper tantrum: Period in 2013 when bond yields rose sharply on fears that the Fed was looking to taper (reduce) its asset purchases, seen as a possible precursor to higher interest rates.

3Source: Federal Reserve Statistical Release, 5 November 2020. Speech by Daleep Singh, Executive Vice President, Federal Reserve Bank of New York, ‘The Federal Reserve’s Corporate Credit Facilities: Why, How and For Whom’, 20 October 2020. The Fed established the Primary Market Corporate Credit Facility (PMCCF) and the Secondary Market Corporate Credit Facility (SMCCF) on 23 March 2020. The PMCCF provides investment grade companies and certain companies that were investment grade as of 22 March 2020 access to credit so that they are better able to maintain business operations during the period of dislocations related to the pandemic. The SMCCF provides liquidity to the market for outstanding corporate bonds by purchasing in the secondary market corporate bonds issued by investment grade US companies or certain US companies that were investment grade as of 22 March 2020, as well as certain US-listed exchange-traded funds that provide broad exposure to the US corporate bond market.

4Source: ECB, Corporate bond holdings at 6 November 2020, held under the Corporate Sector Purchase Programme and Pandemic Emergency Purchase Programme.

5Source: Refinitiv Datastream, US Federal Reserve, combined institutional and retail money market fund assets at 31 December 2009 and 31 October 2020.

Glosario de términos

Valores respaldados por activos (ABS): valores financieros «respaldados» por activos como préstamos, deudas de tarjetas de crédito o arrendamientos. Ofrecen a los inversores la oportunidad de invertir en una amplia variedad de activos que generan ingresos.

Puntos básicos (pb): un punto básico es una centésima de punto porcentual (1/100). 1 pb = 0,01%, 100 pb = 1%.

Cupón: pago de intereses periódico de un bono. Se expresa como porcentaje del valor nominal de una inversión.

Fundamentales de crédito/fundamentales corporativos: información que contribuye a la valoración de un título, como el nivel de beneficios o deuda de una empresa o la valoración de su equipo directivo, además de factores económicos más generales.

Diferencial de crédito/diferencial: la diferencia de rentabilidad entre valores con un vencimiento similar, pero con una calidad crediticia diferente. Los diferenciales de amplitud creciente indican generalmente un deterioro de la solvencia de los prestatarios corporativos, y si se están estrechando indican una mejora.

Sectores críticos: sectores que comprenden empresas que venden artículos de consumo discrecional como coches o sectores muy sensibles a cambios en la economía, como compañías mineras. Comparados con los de las empresas no cíclicas, los precios de las acciones y los bonos emitidos por empresas cíclicas tienden a verse afectados por los altibajos de la economía en general.

Monetización de deuda: compra directa de deuda pública por parte de un banco central, posiblemente con dinero recientemente emitido, de modo que el banco central financia los déficits públicos y difumina los límites entre la política fiscal y monetaria.

Impago: incapacidad de un deudor (por ejemplo, un emisor y, en este caso, un emisor de bonos del sector corporativo) para pagar intereses o devolver una cantidad prestada inicialmente cuando corresponde.

Desapalancamiento: reducción del endeudamiento/deuda de una empresa como parte de su balance.

Duración: mide la sensibilidad del precio de un bono a los cambios en los tipos de interés. Cuanto mayor es la duración de un bono, mayor es su sensibilidad a los cambios en los tipos, y viceversa.

Medioambientales, sociales y gobierno corporativo (ESG) son tres criterios clave para evaluar el impacto ético y las prácticas sostenibles de una empresa. La inversión sostenible o ESG tiene en cuenta factores que van más allá del análisis financiero tradicional. Esto puede limitar las inversiones disponibles y provocar diferencias en la rentabilidad y las exposiciones, pudiendo estar más concentradas en determinadas áreas que en el mercado general.

Ángel caído: un bono que ha sido degradado de una calificación de investment-grade a una calificación de sub-investment-grade, debido al deterioro de la situación financiera del emisor.

Respaldo fiscal/política fiscal/estímulo fiscal:política de un gobierno relacionada con la fijación de los tipos impositivos y los niveles de gastos. Es independiente de la política monetaria, que normalmente corre a cargo de un banco central. La austeridad fiscal consiste en subir impuestos y/o recortar el gasto para tratar de reducir la deuda pública. La expansión fiscal (o «estímulo») consiste en aumentar el gasto fiscal y/o reducir los impuestos.

Bono high yield: bono con una calificación crediticia más baja que un bono investment grade. A veces se le denomina bono sub-investment grade. Estos bonos conllevan un mayor riesgo de que el emisor incurra en impago, por lo que normalmente se emiten con un cupón más alto para compensar el riesgo adicional.

Inflación: tasa a la que aumentan los precios de los bienes y servicios en una economía. Lo contrario de la deflación.

Bono investment grade: Bono emitido normalmente por gobiernos o empresas de los que se considera que tienen un riesgo relativamente bajo de impago de su deuda. La mayor calidad de dichos bonos se refleja en sus calificaciones de crédito superiores a las de aquellos bonos de los que se considera que tienen un mayor riesgo de impago, como los bonos high yield.

Apalancamiento: nivel de deuda de una empresa, expresado normalmente como deuda en relación con el capital social o deuda en relación con los beneficios. Desapalancar consiste en reducir los niveles de endeudamiento.

Liquidez: capacidad para comprar o vender un valor o activo en particular en el mercado. Se denominan activos «líquidos» aquellos que pueden negociarse fácilmente en el mercado (sin provocar una variación importante del precio).

Vencimiento: fecha en que vence una deuda y debe pagarse el capital y/o los intereses a los acreedores.

Respaldo monetario/política monetaria/estímulo monetario: las políticas de un banco central, para tratar de influir en el nivel de inflación y crecimiento de una economía. Incluye el control de los tipos de interés y la masa monetaria. Estímulo monetario es cuando el banco central aumenta la masa monetaria y reduce los costes de endeudamiento. La restricción monetaria se da cuando el banco central actúa para frenar la inflación y desacelerar el crecimiento de la economía, elevando los tipos de interés y reduciendo la oferta de dinero.

Masa monetaria: cantidad total de dinero que hay en una economía. La definición reducida de masa monetaria (M1) incluye los billetes y monedas en circulación y equivalentes monetarios que pueden convertirse fácilmente en dinero. La definición amplia (M2) incluye varios tipos de depósitos bancarios menos líquidos, a largo plazo.

Valores respaldados por hipotecas (MBS): valores titulizados (o «respaldados») por un conjunto de hipotecas. Los inversores reciben pagos periódicos derivados de las hipotecas subyacentes, similares a cupones. Son similares a los valores respaldados por activos.

Tipos reales: Rentabilidad real de un bono, menos la tasa de inflación esperada.

Crédito titulizado: sectores de renta fija que agrupan activos financieros para crear nuevos títulos que pueden comercializarse o venderse a los inversores.

Cambio estructural: situación económica que resulta cuando un sector o mercado cambia su forma de funcionar u operar. Podría deberse a un nuevo acontecimiento económico, cambios en las reservas de capital y mano de obra, demanda y suministro de recursos naturales, cambios políticos y normativos, fiscalidad, etc.

Valores del Tesoro protegidos frente a la inflación (TIPS): tipo de valor del Tesoro emitido por el gobierno estadounidense indexado a la inflación, para proteger a los inversores de una disminución del poder adquisitivo de su dinero.

Volatilidad: el ritmo y la medida en que sube o baja el precio de una cartera, un título o un índice de mercado. Si el precio sube o baja con movimientos amplios, es que es muy volátil. Si el precio varía más lentamente y en menor medida, es que presenta una volatilidad inferior. Se usa para medir el nivel de riesgo de una inversión.

Rentabilidad: el nivel de ingresos de un valor, expresado normalmente como tipo porcentual.

Este documento recoge las opiniones expresadas por el autor en el momento de su publicación y podrían ser diferentes de las de otras personas/equipos de Janus Henderson Investors. Cualquier instrumento, fondo, sector e índice citados en este artículo no constituyen ni forman parte de ninguna oferta o solicitud para comprar o vender alguno de ellos.

 

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