Alison Porter, Graeme Clark y Richard Clode, gestores de tecnología global, explican cómo las grandes compañías tecnológicas (big tech) están ayudando a los gobiernos y a la sociedad durante la pandemia y los posibles efectos que esto puede tener en la regulación del sector tecnológico.

  Aspectos destacados

  • Las grandes tecnológicas están desempeñando un papel fundamental durante la crisis, que continuará después de la crisis. Cuando dejemos atrás la covid-19, el debate sobre la regulación cambiará y el control continuará, pero esperamos que sea más equilibrado a medida que cambie la percepción del valor de las grandes tecnológicas.
  • El equipo cree que una estricta supervisión regulatoria del sector tecnológico no solo es necesaria, sino que debería ser bien acogida. Como inversores activos, el equipo participa también de forma proactiva en cuestiones ESG, al creer que puede propiciar un crecimiento a largo plazo más sostenible para las empresas en que invertimos.

El incansable auge de las grandes compañías tecnológicas (big tech) durante la última década ha provocado una creciente preocupación por la influencia y la necesidad de una mejor supervisión regulatoria de «gigantes» tecnológicos como Google, Facebook, Amazon y Microsoft. Las noticias falsas (fake news), la manipulación electoral y la privacidad de los datos han pasado a formar parte de nuestro vocabulario. Las repercusiones de las elecciones presidenciales estadounidenses y el referéndum sobre el Brexit en el Reino Unido en 2016, seguidas del escándalo de Cambridge Analytica, llevaron al consejero delegado y cofundador de Facebook, Mark Zuckerberg, a testificar ante el Congreso de EE. UU. en 2018. Más recientemente, las investigaciones simultáneas del Departamento de Justicia de EE. UU., la Comisión de Comercio Justo y numerosos estados de EE. UU. han situado al sector de las big tech, que han usurpado el papel clave de Wall Street en la crisis financiera global, en el punto de mira de la regulación.

En el equipo, siempre hemos creído que el debate tenía más matices de lo que reflejaban los medios de comunicación tradicionales, pues puede considerarse que tienen un interés particular común en atacar a las grandes compañías tecnológicas, por haber alterado los modelos de negocio publicitarios de los medios tradicionales. “Un gran poder conlleva una gran responsabilidad, una importante curva de aprendizaje para las empresas jóvenes que crecen de forma exponencial para atraer miles de millones de usuarios antes de que su fundador cumpla 30 años. Evidentemente, se han cometido errores que han merecido castigos. Además, el debate no es nuevo, pues las dificultades de Mark Zuckerberg recuerdan a las peleas de Bill Gates con los reguladores a finales de la década de 1990 que culminaron con un fallo de un tribunal de distrito en 2001 que obligaba a dividir Microsoft (posteriormente anulado).

La tecnología echa una mano

A la espera del mundo de después de la pandemia, vale la pena reflexionar sobre el papel de las big tech en nuestra sociedad y los cambios al respecto en el debate regulatorio. Mientras que aquellos de nosotros que podemos trabajar desde casa seguimos haciéndolo, con nuestros hijos estudiando a distancia, dependiendo de Internet para el ocio y la compra de alimentos y productos básicos, la percepción del valor y la apreciación general de las empresas que lo hacen posible probablemente aumentarán. Los niños, por ejemplo, están recibiendo clases a través de Google Classroom, muchos de nosotros estamos trabajando a través de Microsoft Teams, comunicándonos con los amigos y familiares por Facetime, de Apple, o WhatsApp, de Facebook, recibiendo nuestros pedidos de productos básicos de Amazon y pasando el rato con Netflix. Es de esperar que las «FAANG» (Facebook, Apple, Amazon, Netflix, Google) hayan despertado connotaciones más positivas durante esta crisis dramática.

Colaboración con los gobiernos

Mientras que los consumidores siempre se han sentido más cómodos con las big tech, como destinatarios de su innovación, los gobiernos y los reguladores son mucho más precavidos. Sin embargo, estos también se mueven ahora por las exigencias extraordinarias de esta crisis para trabajar de forma mucho más estrecha con las grandes compañías tecnológicas en un sinfín de nuevas maneras. Las ventajas de los grandes conjuntos de datos para obtener información sobre la pandemia se han hecho evidentes. Google está proporcionando a los gobiernos informes de movilidad social en 131 países, realizando un seguimiento de los pasos en parques y tiendas, mediante datos de localización voluntarios, para determinar la eficacia de las medidas de confinamiento. Facebook, en colaboración con Carnegie Mellon, ha creado un rastreador de síntomas del virus en EE. UU., en el que los investigadores utilizan datos de encuestas voluntarios para predecir los puntos calientes y preparar a los hospitales, así como para ofrecer información sobre la posibilidad de relajar o poner fin a los confinamientos. Amazon, en colaboración con Carnegie Mellon y la John Hopkins University, ha creado un «lago de datos» compuesto por datos públicos seleccionados, centralizados y pretratados para ayudar a entender y combatir el virus. Dado que el rastreo de los contactos será fundamental cuando termine el confinamiento, Apple y Google han anunciado una iniciativa conjunta única para permitir la funcionalidad y la interoperabilidad entre miles de millones de teléfonos iOS (Apple) y Android para que los gobiernos puedan rastrear y localizar rápidamente a una persona que haya estado en contacto con otra a quien se haya diagnosticado covid-19 en una segunda ola o en futuras pandemias.

Situación financiera excelente para ayudar

Además de proporcionar big data (macrodatos), las grandes compañías tecnológicas también están colaborando con otros esfuerzos para luchar contra la pandemia. Amazon ha prometido reinvertir la totalidad de los beneficios previstos del segundo trimestre de la compañía (4.000 millones de dólares) en poder llevar más productos a los clientes y garantizar la seguridad de sus empleados. Facebook ha prometido 100 millones de dólares en subvenciones para ayudar a pequeñas empresas con perfiles de empresa gratis, así como enfocarse en la veracidad de la información durante la pandemia con otros 100 millones de dólares para el sector de las noticias. Ello además del centro de información sobre la covid-19 que aparece en aplicaciones como Facebook, FB Messenger, WhatsApp e Instagram, que visitan miles de millones de personas. Las big tech poseen los recursos y la capacidad para llevar a cabo estas iniciativas y reinvertir. Estas compañías han aprovechado los buenos tiempos para los que podríamos considerar los mejores balances, comparado con otros sectores*, y no han tenido que solicitar un rescate al gobierno. Actualmente, las big tech se encuentran en condiciones de ayudar a los gobiernos y a la sociedad.

Más allá de las big tech

Pero la ayuda no se limita a las big tech. Nvidia, por ejemplo, ha ofrecido Parabricks, que utiliza unidades de procesamiento gráfico para acelerar el análisis de los genomas de la covid, a los investigadores de forma gratuita durante un tiempo. Uber está ofreciendo desplazamientos gratuitos a trabajadores clave y víctimas de la violencia doméstica durante el confinamiento. ServiceNow ha proporcionado gratis aplicaciones de respuesta a emergencias para ayudar a combatir la pandemia tanto a empresas como a gobiernos. Entretanto, Salesforce.com anunció recientemente las aplicaciones Work.com para ayudar a empresas y particulares a gestionar la vuelta al trabajo tras el confinamiento. Amphenol, fabricante de cable de fibra óptica, ha aprovechado la flexibilidad y la rápida salida al mercado de la impresión 3D para producir mascarillas y otros equipos de protección individual (EPI). Las soluciones de Zebra (captura de datos e identificación automática) se instalaron en los hospitales de campaña de cuidados intensivos temporales del servicio nacional de salud del Reino Unido (NHS) para identificar y gestionar el flujo de pacientes con covid-19. Durante este pandemia siguen apareciendo nuevos usos de la tecnología y las compañías del sector han demostrado una gran flexibilidad e innovación para aportar sus capacidades tecnológicas para superar esta crisis global en tiempo récord.

Compartir datos de forma responsable

En la lucha contra la covid-19, la magnitud, los enormes conjuntos de datos y las capacidades de rastreo de la localización de las big tech parecen despertar menos connotaciones negativas. Los gobiernos se están dando cuenta de que la magnitud de la dificultad de rastrear y luchar contra un enemigo invisible que podría reaparecer cada año, en mayor o menor medida, requiere colaborar con las compañías tecnológicas. Lógicamente, dado el carácter sensible de muchos de estos datos, deberán adoptarse las garantías necesarias. En China, compañías como Alibaba y Tencent han hecho posible el desconfinamiento del país proporcionando un estándar de códigos sanitarios vinculado al rastreo de contactos, seguimiento de la localización e historial médico.

tech regulation

Crédito: Getty Images.

El reglamento general de protección de datos (RGPD) de la Unión Europeo y las consiguiente normativas y medidas proactivas de las big tech en EE. UU. nos dan cierta tranquilidad de que estos esfuerzos se llevarán a cabo con las medidas de protección necesarias en otras regiones. Estos ejemplos demuestran una sensibilidad a la hora de usar únicamente de datos voluntarios y datos de localización anónimos y, en muchos casos, solo los investigadores tendrán acceso a dichos datos. Sin embargo, no debemos caer en la autocomplacencia por lo que respecta a este riesgo y la reciente escalada de las tensiones entre EE. UU. y China relacionadas con las atribución de culpas por la covid-19 será un tema recurrente en las elecciones presidenciales estadounidenses de finales de año, lo que traerá consigo nuevas complicaciones regulatorias.

Aceptar la regulación y los factores ESG

En nuestra opinión, una estricta supervisión regulatoria del sector tecnológico no solo es necesaria, sino que debería ser bien acogida. Como inversores activos, trabajamos proactivamente con las compañías tecnológicas para incidir en las principales cuestiones medioambientales, sociales y de gobierno corporativo (ESG) que se exponen a una fuerte intervención reguladora si el propio sector no las aborda.  Una parte importante de nuestro proceso de inversión consiste en encontrar equipos directivos que comparten nuestras inquietudes y abordan estas cuestiones de forma responsable, ya que creemos que puede alentar un mayor crecimiento sostenible a largo plazo y ayudar a reducir el riesgo de nuestras inversiones. Desde hace muchos años, mantenemos un diálogo activo con las compañías tecnológicas sobre cuestiones muy variadas, como la privacidad de los datos y la adicción a los videojuegos. Cuando dejemos atrás esta pandemia tan dramática, creemos que el debate sobre la regulación cambiará y el control normativo continuará, pero esperamos que sea más equilibrado a medida que cambie la percepción del valor de las grandes tecnológicas durante y después de la crisis. Esto contribuiría a respaldar la inversión a largo plazo en valores tecnológicos.

* Fuente: Credit Suisse, a 1 de abril de 2020. Tecnología de la información frente a otros índices sectoriales del MSCI World, excepto finanzas. Comparación basada en la caja neta (caja menos deuda) como porcentaje de la capitalización bursátil = mide la caja neta en el balance de una empresa como porcentaje de su capitalización bursátil total. Los datos son correctos a fecha de publicación y pueden variar.

Balance: estado financiero que resume los activos, pasivos y el capital social de una empresa en un momento determinado. Cada apartado da una idea a los inversores de lo que tiene y debe una empresa, así como la cantidad invertida por los accionistas.

Unidad de procesamiento gráfico (GPU): microchip informático que ofrece imágenes, vídeo y animaciones en 2D y 3D.