A medida que el coronavirus se expande, algunas compañías sanitarias han advertido sobre el descenso de los ingresos, mientras que otras están trabajando en posibles tratamientos y han protagonizado una revalorización de sus acciones. No obstante, el gestor de carteras Andy Acker afirma que los inversores no deben perder de vista la perspectiva general.

Aspectos clave

  • Los valores del sector sanitario registraron, junto con el mercado general, ventas masivas después del surgimiento de los brotes de coronavirus. Sin embargo, el efecto en el sector podría presentar más matices que los reflejados por el mercado.
  • Por un lado, las empresas con una exposición significativa a China creen que la demanda solo se retrasará de forma temporal. Entretanto, el mercado podría estar sobrestimando la velocidad de comercialización de un tratamiento para el patógeno.
  • Así, desaconsejamos que los inversores traten de elegir a los ganadores y perdedores del sector sanitario durante la crisis del coronavirus y creemos que adoptar una perspectiva a largo plazo sigue siendo la opción más prudente.

Las noticias sobre los brotes de coronavirus fuera de China han fomentado el temor de que la enfermedad respiratoria —oficialmente denominada COVID-19— pueda convertirse en una pandemia mundial. Este temor ha dado lugar a importantes ventas masivas en la renta variable mundial y a un repunte de los bonos del Tesoro estadounidense a 10 años, cuyos rendimientos han caído hasta mínimos históricos.

Los valores del sector sanitario también fueron víctima de estas ventas masivas. Sin embargo, en nuestra opinión, el efecto del COVID-19 en el sector podría presentar más matices que los reflejados por el mercado.

Monitorizar la volatilidad a corto plazo

En primer lugar, seguimos sin saber la importancia que revestirá el virus a largo plazo. Algunos pacientes portadores del COVID-19 son asintomáticos, lo que hace surgir la preocupación de que existen casos no detectados que podrían acelerar la expansión de la enfermedad. En China en concreto, las pruebas se han limitado en gran medida a las personas que requieren asistencia sanitaria. Así, cuando la economía de China —que sigue avanzando a medio gas— termine por despegar, el riesgo de nuevos brotes podría aumentar. Además, el gigante asiático es el mayor productor a escala mundial de sustancias activas farmacéuticas, la materia prima utilizada para producir medicamentos. La semana pasada, la Administración de Alimentos y Medicamentos de EE. UU. (FDA) advirtió sobre posibles carencias debido a la disrupción de la cadena de suministro.

A corto plazo, las empresas sanitarias más afectadas probablemente sean aquellas con ventas o actividades de producción significativas en China. El gigante farmacéutico AstraZeneca, por ejemplo, dijo que el coronavirus podría tener un «efecto desfavorable» en sus ingresos este año. En 2019, las ventas de AstraZeneca en China crecieron un 35 % en términos interanuales, lo que representa el 21 % de los ingresos totales por productos.

Las compañías de herramientas y suministros para el sector sanitario y los productores de dispositivos médicos suelen tener una gran exposición a China. Por ejemplo, Agilent Technologies, que produce instrumentos de laboratorio y herramientas de diagnóstico, obtiene el 20 % de sus ingresos de China. En una reciente comunicación sobre beneficios, el equipo directivo estimó que podrían producirse pérdidas en ventas por valor de 25 millones a 50 millones de dólares en el primer semestre de 2020.

Mantener la perspectiva del efecto a largo plazo

Aun así, como proporción de los ingresos totales, el efecto del coronavirus podría ser mínimo. AstraZeneca sigue esperando un crecimiento de sus ventas de un dígito elevado/doble dígito bajo en 2020. Las posibles pérdidas por valor de 50 millones de dólares de Agilent representarían solo el 1 % de los ingresos previstos de la firma para 2020 (fuente: Bloomberg, a 25 de febrero de 2020), e incluso en este caso, la firma espera actualmente compensar el negocio en el segundo semestre del año. Las firmas farmacéuticas, que suelen mantener existencias de sustancias activas farmacéuticas para varios meses, no han informado de carencias por el momento.

Entretanto, varias empresas biotecnológicas y farmacéuticas están trabajando para desarrollar tratamientos para el COVID-19. Remdesivir, un medicamento antiviral inicialmente desarrollado por la farmacéutica Gilead Sciences para el ébola, está ahora en fase de ensayo clínico en China para el COVID-19. Los primeros resultados podrían comunicarse en abril, y un alto cargo de la Organización Mundial de la Salud (OMS) dijo recientemente que Remdesivir es el medicamento con mayor potencial como tratamiento. Justo después del comentario de la OMS, las acciones de Gilead alcanzaron su nivel máximo de las últimas 52 semanas (fuente: Bloomberg, a 24 de febrero de 2020).

Los años de investigación sobre el VIH han mejorado el conocimiento del sector sobre los antivirales, y el medicamento de AbbVie para el VIH, Kaletra, ha sido aprobado en China para tratar la neumonía relacionada con el coronavirus. Varias empresas farmacéuticas y biotecnológicas también están trabajando para crear una vacuna, y muchas han implementado tecnologías genéticas para intentar acelerar su desarrollo. La firma biofarmacéutica Modera ha anunciado que ha preparado un medicamento para probarlo en fase I en tiempo récord (solo seis semanas) utilizando la terapia de ARN mensajero, una nueva tecnología que, en este caso, básicamente puede convertir el cuerpo en una fábrica de vacunas.

No obstante, sigue siendo importante mantener la perspectiva. Será necesario que pasen, como poco, meses para poder comercializar un tratamiento o una vacuna que resulten efectivos. Además, no se puede garantizar que un medicamento aprobado tenga un efecto notable en los resultados de una empresa. Estos virus, si bien resultan problemáticos, no son enfermedades crónicas, por lo que los pacientes suelen medicarse solo durante unos pocos días. La acumulación de existencias pueden hacer frente a limitaciones, tal y como pasó durante el brote del ébola: Merck & Co. estuvo más de cinco años desarrollando una vacuna que aún no ha generado ventas significativas. Además, seguimos sin saber si el COVID-19 es estacional (es decir, que se disipa en ambientes húmedos y cálidos) y si los brotes resurgirán en determinados periodos estacionales (como la gripe), y todo ello podría afectar a la oportunidad comercial de un medicamento.

En cualquier caso, desaconsejamos intentar escoger ganadores o perdedores en el contexto del brote de coronavirus. Sin duda alguna, la aprobación de una vacuna o un medicamento antiviral ofrecería un necesario aire de esperanza, especialmente si el coronavirus pasa a ser una infección estacional. Pero, en nuestra opinión, las ventajas a largo plazo del sector sanitario siguen siendo sus catalizadores del crecimiento más importantes, y creemos que los inversores harían bien en centrarse en estas oportunidades a largo plazo, no en las fluctuaciones de los mercados a corto plazo.